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 Tratamiento de los residuos de envases de acero

​Nicolás de Laurentis, director general de ECOACERO

El programa desarrollado por Ecoacero y Ecoembes asegura un reciclado de alta calidad

Madrid abril 2008. En 2007 se reciclaron 228.000 toneladas de residuos de envases de acero, lo que supone casi el 70% de las adheridas a Ecoembes. Todas ellas se destinan a la fabricación de nuevo acero en las siderurgias de nuestro país. Las acerías eléctricas utilizan como materia prima las chatarras de distintas procedencias, entre ellas las de los residuos de envases de acero. Siendo España un país deficitario en chatarra, se entiende la importancia no sólo medioambiental, sino también económica que supone el aprovechamiento de nuestros propios recursos.

Sucede, no obstante, que los residuos de envases de acero obtenidos de las plantas de compostaje, de valorización energética e incluso de recogida selectiva, no siempre responden a los niveles de calidad exigidos por la industria siderúrgica. De modo inevitable arrastran cierto porcentaje de otro tipo de residuos, de materia orgánica o de escorias. Además, el acero para envases más utilizado por la industria envasadora de alimentación (conservas y bebidas) es la hojalata, una fina lámina de acero recubierta por una microscópica película de estaño, producto éste muy contaminante para fusión siderúrgica.

 

Nos encontramos, pues, con un residuo que es en sí mismo una materia prima muy necesitada por las acerías, lo que asegura su reciclado. Pero con unas condiciones de calidad que, sin embargo, pueden restringir su uso. Ante esta situación Ecoembalajes España y Ecoacero, la entidad del material acero para envases, vienen desarrollando desde 2004 un programa de mejora de la calidad de estos residuos que hoy se encuentra a pleno rendimiento. El programa comenzó definiendo cuáles deberían ser los parámetros óptimos para convertir a las chatarras de envases de acero en un producto de la mejor calidad para la producción de nuevo acero. Se crearon así unas referencias que establecían los porcentajes idóneos de hierro, estaño y otros elementos, así como los procedimientos industriales para alcanzarlos.

El proceso consta de dos fases. La primera supone la fragmentación de los residuos de envases, una serie de sistemas de limpieza adicionales y una separación magnética para extraer la fracción férrica y desechar cualquier otro tipo residuos. Esta fase es suficiente en algunos casos para alcanzar la calidad requerida. Sin embargo, en otros casos, cuando las siderurgias de destino exigen además chatarras con muy baja presencia de estaño por la naturaleza de los aceros que fabrican, se procede a realizar un segundo tratamiento. Se trata ahora, en esta segunda fase, partiendo del material ya limpio y fragmentado, de someter a las chatarras de envases a un decapado y desestañado electrolítico, que permite separar una parte muy significativa del estaño original.

 

Las referencias creadas para estos materiales contemplan los casos de las chatarras de envases de acero fragmentadas, las desestañadas y las incineradas. Entre 2004 y 2006 se crearon hasta seis plantas de tratamiento de estos residuos, estratégicamente situadas para reducir al máximo los recorridos entre plantas de selección de residuos y acerías de destino, minimizando así el impacto ambiental generado por el transporte.

Una vez puestas en marcha estas instalaciones, se procede cada año a homologar el material que en ellas se obtiene, mediante la toma de muestras y análisis de diversa naturaleza que aseguren la conformidad con las especificaciones de las referencias. De ese modo se asegura a las siderurgias una absoluta homogeneidad del material, así como la garantía de su calidad. En 2007 se ha alcanzado ya la cifra de 103.000 toneladas tratadas, lo que supone el 43,3% del total recuperado.

Para 2008 se espera llegar al 50%. Los beneficios de este programa de tratamiento de las chatarras de envases de acero son múltiples. De una parte, se exige menos rigor en el afino del material cuando sale de las plantas de clasificación de residuos, lo que redunda en una mayor eficiencia en las cantidades obtenidas.

En segundo lugar se asegura a las acerías un producto homologado y de gran calidad, lo que permite una capacidad ilimitada de reciclado. Y, en tercer lugar, se reduce de modo sustancial el impacto ambiental asociado al reciclado, ya que se reducen en un 80% las emisiones de CO2 y en un 90% las de metano.