Las principales funciones de los envases consisten en proteger y conservar el producto, permitir su distribución y servir de canal de información al consumidor.
Para cumplir este cometido el envase debe ofrecer la resistencia necesaria para evitar el deterioro del producto durante su transporte, almacenamiento y manipulación. Asimismo, el envase deberá resistir los factores ambientales externos como luz, gases, humedad, temperatura y agentes biológicos, para asegurar que las propiedades del producto envasado se mantienen intactas y garantizar la higiene, seguridad y aceptación por parte del consumidor.
En cuanto a la utilización del producto envasado, los envases incorporan mecanismos que facilitan su uso, como sistemas de apertura fácil, dosificadores, etc. y constituyen el principal medio de comunicación entre el consumidor y el envasador, proporcionando la información necesaria sobre las características y propiedades del producto: fecha de caducidad, composición, instrucciones de uso, fabricante, código de barras, etc.
El envase y la distribución
El conjunto de envases y embalajes que acompañan al producto desde la fabricación hasta el consumo consiste en envases primarios que contienen el producto, secundarios o de agrupación, y terciarios o de transporte.

Por tanto, es el sistema de envasado en su conjunto el que debe cumplir su función de protección del producto, aportando la resistencia necesaria para garantizar que el producto llega en condiciones adecuadas para su consumo.
Si el sistema de envasado no es suficiente para garantizar la integridad del producto, éste se deteriorará y no podrá ser consumido, generándose el residuo tanto del producto como del envase.
Por esta razón, para la prevención del impacto ambiental de los envases y sus residuos, es fundamental optimizar la cantidad y composición de los mismos, asegurando al mismo tiempo que los envases cumplen sus funciones de protección, higiene y aceptación por parte del consumidor.
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