Abandono de residuos y reciclaje

Abandono de residuos y reciclaje

El abandono de residuos es uno de los grandes problemas actuales en la conservación del medioambiente. En los últimos años el número de residuos se ha multiplicado, los océanos se han llenado de vertidos plásticos que destruyen la vida marina, la contaminación ha aumentado de manera desmesurada y se ha caído en la sobreexplotación de los recursos materiales. Unos hechos que están convirtiendo el planeta en una especie de cubo de basura que necesita vaciarse. ¿Y cómo podemos hacerlo? Siguiendo la regla de las “3R”: reducir, reutilizar y reciclar; y por supuesto, evitando el abandono de residuos.

abandono de residuos

Para poder evitar el abandono de residuos, los ciudadanos deben estar informados de los riesgos que puede ocasionar. En unos años especialmente secos como los que estamos viviendo, el abandono de residuos favorece la creación de incendios forestales. Además, la fauna marina se está viendo afectada por la cantidad de residuos que acaban en el mar.

La importancia de un proceso de reciclaje eficiente para evitar el abandono de residuos

Los ciudadanos disponen de más de 572.000 contenedores amarillos (envases de plástico, latas y briks) y azules (papel y cartón) en los que depositar sus envases, para que posteriormente, los ayuntamientos de los diferentes municipios puedan recogerlos y transportarlos a las plantas de reciclaje. Si un residuo es abandonado, además de no recuperarlo, contamina el medio ambiente.

Los envases depositados en el contenedor amarillo, donde se encuentran el plástico, metal y briks, se separan en las plantas de selección de envases. La tarea es tan minuciosa que existen 60 plantas de selección automatizados repartidas por toda la geografía para separar los envases en metales (acero y aluminio, como una lata de conservas), plásticos (PET –botella de agua-, PEAD, Film y Plástico Mezcla – bolsa de patatas-) y briks. Una vez se parados son enviados a la planta de reciclaje donde son convertidos en materia prima. Por ejemplo, con 40 botellas PET se puede crear un forro polar y con 80 latas de refresco, una llanta de bicicleta.

En el caso del papel y cartón, una vez que los envases han sido depositados en el contenedor azul, son transportados a la planta de recuperación, se clasifican en función de las calidades y se reciclan para convertirse en nueva materia prima. De este modo, ocho cajas de cereales pueden transformarse en un libro o seis briks de leche en una caja de zapatos.

Una metodología que busca reducir impactos ambientales

Desde hace unos años las empresas integran criterios medioambientales en el diseño de sus productos, es decir, fomentan el ecodiseño. Esta es una metodología que principalmente persigue reducir los impactos ambientales negativos, evitar el abandono de residuos, consumir menos materias primas y energía, generar menos emisiones y, por tanto, alargar la vida útil de los productos.

El ecodiseño también implica una reducción de los costes de fabricación y distribución de los productos, así como el incremento de su valor añadido. No hay que olvidar que, al emplear nuevas materias primas, el producto se adecúa a las tendencias demandadas por los consumidores, donde los elementos usados en su fabricación juegan un papel muy importante.

Para que este proceso de reciclado sea lo más sostenible posible es necesario analizar todas y cada una de las etapas del ciclo de vida del producto. Es lo que se conoce como análisis del ciclo de vida (ACV) del producto, el cual abarca desde la obtención y procesado de las materias primas, hasta la eliminación del producto una vez desechado por el consumidor.

Este análisis permite no sólo conocer su impacto ambiental, sino también la cantidad de toxicidad en cada una de las fases del ciclo, así como obtener un balance para minimizar el impacto del producto en todo su ciclo de vida. Al abandondar un residuo, su toxicidad puede trasladarse al entorno.

Los envases mal elaborados y gestionados pueden causar problemas ambientales, de ahí la importancia de diseñarlos adecuadamente desde el primer momento, como hacen las más de 12.000 empresas adheridas a Ecoembes que, junto a las compañías envasadoras, han implantado más de 36.500 medidas de ecodiseño. Gracias a estas acciones ligadas a la innovación se ha conseguido que un envase de yogurt pese la mitad, que una botella de agua incorpore plástico reciclado o que una lata de cerveza sea casi un 20% más ligera.

Productos que nunca sabemos en qué contenedor depositar

Los españoles cada vez están más concienciados con el reciclaje y cometen menos errores a la hora de depositar cada envase en el contenedor correspondiente. Sin embargo, el abandono de residuos continúa existiendo. A pesar de que el 99% de los españoles tienen acceso a un punto de recogida selectiva de residuos con una media de contenedor cada 100 metros, y que en 2016 se reciclaron 1,3 toneladas de residuos domésticos, aún quedan dudas sobre dónde depositar algunos productos.

De un primer vistazo parece sencillo incluso para los más pequeños de la casa no abandonar basura ni residuos y reciclar. El contenedor azul es el que recoge el papel y cartón, es decir, las bolsas de papel, cartón, folios usados, hueveras de catón, periódicos, sobres o carpetas. Por su parte, el contenedor amarillo es el que aglutina los envases comercializados en el mercado con un punto verde, aerosoles, latas, botellas, envases de plástico o briks; mientras que el verde es para vidrio de cualquier color y frascos de conservas.

El resto, parece que está claro que deberían ir al contenedor de restos, aunque existen excepciones como los aparatos electrónicos y eléctricos (RAESS), las pilas o las pinturas que tienen que depositarse en los puntos limpio de los más de 8.000 municipios españoles que promueven el reciclaje entre sus ciudadanos. ¿Y el resto? ¿Dónde los echo?

Suele ser habitual que se piense que todos los objetos fabricados con plásticos deben depositarse en el contenedor amarillo, sin embargo, no siempre es así. Los juguetes de plástico de los niños, por ejemplo, deben dejarse en el contenedor normal de restos o bien llevarlos a un punto limpio. Lo mismo ocurre con los utensilios de cocina como la espátula o el escurridor; así como con los chupetes, biberones o los cubos de la playa con los que los niños pasan el verano haciendo castillos de arena en la playa.

Los brik de leche o zumo son también objeto de multitud de equivocaciones. Son muchos los ciudadanos que piensan que están hechos de cartón y, erróneamente, los depositan en el contenedor azul, es decir, el de papel y cartón. Sin embargo, estos briks están compuestos de cartón, bien es cierto, pero también de plástico y aluminio, dos componentes que hacen necesario que tenga que depositarse en el contenedor amarillo.

Las servilletas, papeles y cartones que estén sucios no se reciclan, ya que al contar con otros restos pueden contaminar el resto del material e imposibilitar el proceso de reciclaje. Por tanto, deben depositarse en el contenedor de desechos orgánicos, al igual que los pañales.

El reciclaje de vidrio también plantea algunos interrogantes. ¿Es correcto tirar un cenicero a un contenedor verde? La respuesta, es no. Ni los ceniceros, ni los vasos ni las vajillas pueden reciclarse en este tipo de contenedor. Tampoco la cerámica, que al igual que los productos anteriores, deben depositarse en un punto limpio o de recogida.

No obstante, las botellas de vino, cerveza, sidra, licores o los tarros de frascos de vidrio, ya sean bebidas y alimentos o perfumes y cosmética, deben ir al contenedor verde; siempre que se pueda, sin tapones ni otro tipo de tapas. Estas deberán depositarse en el contenedor amarillo. También el papel de aluminio, intentando que no lleve restos de comida, al igual que los vasos y platos de plástico.

¿Y qué ocurre con los CDs, medicamentos o bombillas? Los CDs, a pesar de la creencia popular, nunca deben depositarse en el contenedor amarillo, mejor al de restos, o bien, al punto limpio.

Los medicamentos que no se hayan utilizado o que ya hayan caducado, y sus envases, deben llevarse al punto SIGRE ubicado en las farmacias, garantizando así que los residuos recibirán el tratamiento medioambiental adecuado.

Por lo que respecta a las bombillas y fluorescentes, hechas en su mayoría de vidrio y mercurio, nunca deben tirarse al contenedor verde, sino en el punto limpio, a la basura normal o en el punto de venta para poder reaprovechar sus materiales y evitar su impacto ambiental. El abandono de este tipo de residuos resulta altamente peligroso. En el caso de tratarse de una bombilla de bajo consumo, que también incluye mercurio entre sus componentes, éste debe recuperarse por ley para evitar su elevado poder contaminante.

La esperada generalización de estas bombillas de bajo consumo, así como de otros materiales, hace que sea necesario aprender a reciclar y gestionar los residuos. Por ello, si aún tienes dudas, puedes consultar el buscador de envases de Ecoembes.